Firmar con tu nombre: el seudónimo



¿Celoso de tu intimidad? ¿Tu nombre no te parece adecuado para firmar tu obra? El seudónimo puede ser tu solución: aprende qué es y cómo elegirlo.

Esta semana no me ha sobrado el tiempo, y como resultado he acabo escribiendo una entrada sobre un tema topicazo como este. Mil perdones a los lectores, víctimas inocentes de mi falta de imaginación. Exigid mi cabeza en bandeja, tenéis todo el derecho: pero primero os leéis la entrada, que para algo la he escrito (con un poco de suerte me libraré de la guillotina...).

No han sido pocos los escritores que, a lo largo de la historia, han utilizado un seudónimo para ocultar su identidad al mundo. Y aún hoy son muchos los escritores que se deciden a utilizar un nombre falso para presentarse en sociedad.

Los motivos que llevan a un hacedor de historias a plantearse el hacer uso de un seudónimo son diversos, así que si aún te hallas dubitativo sigue leyendo.

En otras épocas el seudónimo se usó como método de ocultación de la identidad ante una sociedad que podía ser represiva, bien por el contenido de la obra, bien por motivos políticos o perjuicios sociales, destacando la ingente masa de mujeres que, a lo largo de la historia, usaron por usar un seudónimo masculino para hacer frente a la discriminación de su época (aunque aún hoy hay casos de mujeres que se ven obligadas a usar un seudónimo masculino por caprichos editoriales o de mercado...).

Hoy día, salvo algunas excepciones, los motivos para utilizar un seudónimo no son tanto salvar el pellejo del escritor o vencer la crítica como "venderse mejor". Sí, suena muy feo pero es cierto. A continuación enumeraré las principales razones por las que un escritor usa seudónimo en la actualidad; advierto que éstas no son excluyentes entre sí, dándose casos de complementariedad.

1. Por gusto: Pues eso. El escritor sufre un complejo incurable de romanticismo (y de ego) que lo lleva a querer emular a sus ídolos de la literatura y ponerse un seudónimo. Vale, a veces es una cuestión sentimental: un escritor decide usar el nombre de su tío para honrar su memoria o, después de publicar, sigue usando ese nombre con el que firmaba sus escritos en los concursos. Razones puede haber miles, pero todas parten de lo mismo: la voluntad libre del escritor para ponerse un nuevo nombre.

2. Por timidez/precaución: Hay escritores terriblemente celosos de su intimidad o que temen mostrarse en público, de modo que usan el seudónimo como método de ocultación. Otros, tal vez por motivos laborales, prefieren usarlo para que su vida laboral y su vida literaria no se entremezclen.

3. Por estética/motivos editoriales: Muchos autores, cuyo nombre es excesivamente corriente o poco adecuado a su género usan seudónimo a instancias de su editor o de su propio criterio a fin de abrirse paso en el mercado. Aquí también podríamos englobar a los escritores y escritoras que cambian el sexo de su seudónimo cuando el género en el que escriben es eminentemente masculino o femenino, como en el caso de la novela romántica o en la de ciencia-ficción/fantasía.

Básicamente  y a grandes rasgos estos son los motivos por los cuales un escritor decide usar seudónimo en la actualidad. Y ahora vamos al tema que interesa, cómo escogerlo.

Pues sinceramente no tengo ni la más remota idea de cual es el mejor método para escoger un seudónimo. Como en muchas otras cuestiones relacionadas con la escritura no existe una fórmula infalible para elegirlo, sino que depende de las circunstancias y del autor.

Hay quienes, como ya he mencionado, usan el nombre de algún familiar o recorren a la genealogía para encontrar nombres poco corrientes o llamativos. Otros deciden mezclar nombres y apellidos de sus ídolos, y otros incluso usan generadores de nombres al azar o diccionarios de nombres. Sea como sea, elegir seudónimo se parece mucho a poner nombre a tus personajes, y por tanto debe hacerse en base a las 3-C: Comodidad, coherencia y consciencia.

Tienes que sentirte cómodo e identificado con tu seudónimo, porque mucha gente te conocerá y llamará por él; si no eres capaz de responder por este nombre significa que el seudónimo no es válido. Además, debe ser un nombre llamativo y a la par serio y fácil de recordar: se trata de que te conozcan por él, no que sufran un infarto de lengua y severos casos de estrabismo cada vez que quieran encargar tu obra en la librería. Por último debe ser un nombre digno, y por ello quiero decir un nombre del que no te vayas a avergonzar en los próximos diez años.

Como veis, elegir seudónimo es una odisea, puede llevar años. Y no, no es obligatorio tener uno, hay autores que prefieren firmar con su nombre y nadie les ha discriminado por ello, pero también es verdad que el seudónimo te da cierta seguridad para soltarte, es como ir con máscara: por contradictorio que suene te ayuda a descubrirte.

Y bueno, ya no doy más la brasa con el tema; creo que ya fue lo suficientemente cansino de leer. Os invito no obstante a contar vuestra experiencia con seudónimo (o sin él) en los comentarios, y también a apedrearme por escribir sobre tan manido tema porque la verdad es que lo merezco (prometo volver a hacer entradas más instructivas, u_u'). ¡Nos leemos!


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