Elogio al bandolero


Hoy, como es martes, toca salvar un relato. En concreto, un elogio a los gentlemen del latrocinio redactado allá por octubre. El jueves, como siempre, habrá artículo nuevo.



Elogio al bandolero



Qué palabra más rápida para desprestigiar a una persona, para juzgarla y ponerle un nombre. Bandolero llamas a los hijos de la miseria y a los hijos del poder por igual, no haces distinciones: para ti son unos locos, asesinos paranoicos, egoístas henchidos de su propia esquizofrenia, afanosos de atacar a sangre fría, de inventar agravios que canalicen su sed vacua de sangre inocente. Lobos individualistas engrandecidos de su propio orgullo, ciegos de ira e irracionales, ajenos a los valores morales de corrección y respeto que tanto te llenan a ti.

Y te equivocas.

El bandolero es muchas cosas: cruel y sanguinario, posiblemente; violento, quizás; pero no egoísta, no irracional. El bandolero es por definición un hombre de bando, y por él estará dispuesto a todo, y no hallará en el mundo descanso mientras quede vivo uno solo de los que a su bando se oponen.

Pero bandolero no es aquel que, mezquino, ejerce de víbora irredenta, saltando a traición sobre los tobillos del incauto viajero; no es ingrata sierpe que se arrastra y estrangula al que le dio cobijo, que lo exprime y reduce a la mísera condición de nada en su afán de sólo Dios sabe qué .El bandolero va siempre de cara, es previsible, y no por ello es menos terrible.

El bandolero siempre avisa. Siempre. Porque en el ataque sin advertencia no hay honor, y el bandolero será muchas cosas, pero jamás mezquino, nunca traicionero. En eso te mejora, gentilhombre del burgo, porque de él se pueden esperar atroces actos de violencia, pero de ti... De ti se puede esperar cualquier cosa, y no será menos nocivo que el mas execrable de los crímenes de tu odiado bandolero.

Se le ha encasillado al bandolero, desvestido y engrosado con adjetivos tales como: criminal, individualista, sediento de sangre, azote de la tierra, calamidad fratricida, intrigante rupturista. Y eso es porque es más fácil ridiculizar y vapulear, es más fácil satanizarlo que aceptar que lo usaste cuando te convino para el trabajo ingrato. Porque tu, honrado ciudadano, no puedes aceptar que tu cuello está intacto por obra de su trabuco, porque no puedes vivir tu feliz vida sabiendo que cada aliento se lo debes a ese sanguinario, desarrapado y egoísta que, en el momento crucial se revolvió con esa furia que ahora desprecias contra los enemigos de ambos.

La vida no es justa, en absoluto, y tú lo colgaste de las ramas de árbol, lo convertiste en un delincuente y deshonraste su imagen y su nombre por no reconocer quién era, por no reconocer tu propia fragilidad. Ahora tú estás vivo, triunfante, impecable y limpio de mácula... y él se mece al viento.
Pero el viento habla: y lo que dice es una oración tan antigua que ni los siglos han logrado borrar, una frase que hace que te tiemblen las rodillas aún hoy, protegido tras los muros de tu villa patricia. El viento habla y dice:

"Yo, el bandolero, voy por ti y por los tuyos. No te daré paz ni tregua, haré de tus noches un infierno y de tus días una pesadilla hasta que de ti no queden ni las cenizas, hombre honrado de la villa. Yo, el bandolero, voy a por ti".

Y aún necio, tu burgués engrandecido, te ríes y susurras: "Estás muerto, jajaja. Estás muerto y para mi no eres nada. No importas", y te olvidas nuevamente, necio gentilhombre, que ante todo el bandolero es un hombre de bando.


Y hasta aquí el relato de hoy. Espero que haya sido de vuestro gusto, aunque no es lo que suelo escribir. Si queréis más sangre, echad un ojo a mis otros relatos.
¡Nos leemos! ^^

No hay comentarios:

Publicar un comentario