No escribiré literatura de evasión


El ser humano tiene una mala costumbre. Bueno, en realidad tiene varias conductas aberrantes. Pero quiero centrarme solo en una por ahora: la puñetera manía de etiquetarlo todo.

Nos gusta agrupar las cosas y a las personas por categorías, en pequeños grupos. Y como suele pasar cuando haces esto, acabas polarizando el conjunto en bloques.

Lo normal es que uno de ellos acabe por imponerse. Actualmente, la rama que triunfa en la sociedad es el positive thinking de las narices. Anda la peña con una alegría por el mundo...

Hemos rozado el ridículo en esto. Tanto, que llamamos tos productiva (porque ser productivo mola en el Capitalismo Rules) a la puta tos con mocos. Es más esperpéntico que Luces de Bohemia, que es un referente del género.

De hecho, hemos desterrado bien lejos los postulados de Max Estrella y su retrato cochino del mundo. Ya no queremos oír a Bukowski y su realismo sucio. Ahora imperan otras corrientes más agradables de digerir.

Todo es bonito, todo es genial, todo es muy integrador y maravilloso. Como era de esperar, este derroche de buenrollismo y fantasía se acaba trasladando a la literatura.

La cresta de la ola se cabalga ahora construyendo mundos ideales. Mundos tan chachi pistachis que ya querría pillarlos Aladín para irse de paseo con la churri. No es un tractor amarillo, lo que se lleva ahora es la literatura de evasión.

Pero cuando surfear te la trae al pario, la verdad es que las olas y sus crestas te importan tirando a nada. Por eso no escribiré literatura de evasión. Pues para mí, esta tendencia no suma ni me permite representar lo que quiero decir.

Y si tenéis la paciencia de leerme antes de ir a rajar por redes sociales os explicaré por qué. Luego ya podéis hacer lo que os salga de las gónadas, como seres libres que sois.



Dicen que los autores bebemos de lo que vemos y vivimos. Lamentablemente, vivimos en un mundo de mierda. Y lo que vemos es desigualdad, violencia, racismo, misoginia, pogromos, tráfico de vidas...

Un panorama dantesco en su más gran acepción

Un catálogo que le da la razón a todos los filósofos que a lo largo de la historia se han decantado por la idea de que el ser humano nace y muere siendo un perfecto hijo de puta.

No os descubro nada, que esto lleva escrito desde la Grecia Clásica. En cualquier caso, lo que tenemos es un mundo que da arcadas como principal estímulo.

Ante esto, puedes optar por rechazar estas realidades en tu obra, dando lugar a mundos donde todo esto se ha superado y en los que los lectores solo deben disfrutar de una historia más o menos apacible. Eso es la literatura de evasión.

Lo que esta pretende no es otra cosa que escapar de esta jaula de malignidad construyendo realidades alternativas. Es un billete para salir por patas de esta realidad tan contaminada de odio y mezquindad.

Luego está la otra reacción, la de la etiqueta opuesta. Consiste en cargar tus mundos de toda esa mierda que te vas tragando a lo largo de tu vida y concentrarla en una historia. Allí no hay huequito para la esperanza ni para los colorines y el buen rollo. 

Ahí no hay modo de escaparse de la idea de un mundo injusto y cruel. No hay evasión, lo que hay es un retrato con otro nombre de nuestra realidad. Eso es lo que escribo. Algo que, a falta de mejor etiqueta, llamaré literatura de inmersión.

El género donde mejor queda reflejada esta inmersión es el llamado grimdark o fantasía oscura. Allí es donde enmarcan su obra autores como Joe Abercrombie o George R. R. Martin, ambos muy propensos a presentar la violencia y la crueldad de forma descarnada.


Tener razón no hará que el mundo sea justo contigo

Pero bien, saliendo del grimdark también podemos encontrar literatura inmersiva. ¿O va a decirme alguien que en Terramar, mundo creado por Ursula K. LeGuin, todo es buen rollo y alegría?

Porque lo cierto es que no es así. La obra de LeGuin está llena de mundos terribles y crueles. Desde Gueden al mismo Terramar. Las personas son odiosas, mezquinas. El poder corrompe y pervierte. La venganza está a la orden del día...

Que la literatura de inmersión cuente con tantos fans puede llevar a pensar que quienes deciden seguirla lo hacen por el interés de subirse al carro de lo que vende. O que se trata de una corriente reaccionaria contra el positivismo imperante. ¿Qué queréis que os diga? Malpensar es gratis.

En cualquier caso, y pese a las corrientes actuales, quienes cultivamos esta tendencia somos un grupo de volumen respetable. Poco me importa. No soy especial, no creo serlo y no tengo la necesidad patológica de parecerlo. De este cuadro clínico al menos me he librado.

Lo que vengo a deciros es que existen personas que no ven el mundo de color de rosas. En este grupo me incluyo. No está en mi naturaleza hacerlo. Y como no lo veo, no me sale trasladar al papel universos fabulosos. Es lo que hay.

Congenio más con los mundos oscuros de Goya

Me resulta una impostura insoportable hacerlo. Siento como si, eliminando esos conflictos de mis historias, los invisibilizara. O peor aún: dando por legitimada esa realidad más justa, me siento como si fingiera que no hubo que pelear para conseguirla.

Me agrada relatar el conflicto. Cuando aún estaba en la carrera ya encaminé mis estudios hacia el análisis de la violencia y los movimientos de oposición. Los procesos de lucha y cambio (no las guerras) me interesan.

Considero que reflejarlos es importante para mantener vigente el recuerdo de que estos sucedieron. Y de que aún suceden a diario en cientos de lugares del mundo.

De que, sin Rosa Parks, los derechos de las personas racializadas no habrían avanzado. De que sin las feministas de la primera ola, muchas mujeres jamás habrían votado. De que, sin tantos otros nombres, nuestro mundo no sería el que es ahora.

Quiero llenar mis historias de Rosas Parks anónimas, inventadas. Y eso no me es posible hacerlo en un mundo que da por superadas las luchas o por sentados ciertos derechos por los que aún hoy bregamos.

Hacerlo, según mi opinión, significa desentenderse de las luchas que ahora mismo tienen lugar en el mundo. Asumirlas como algo que es patente es cegarse a lo que todavía ocurre.

No quiero dar la espalda a esa realidad. Algo parecido a lo que explicó Erikson sobre el uso de la violencia en la fantasía. Unas reflexiones muy interesantes que podéis leer en el blog de Daniel Garrido y de las que os muestro un breve fragmento:

"[...] no importa cuán horrorizada, o aterrado, o disgustado te sientas, nada de lo que estás experimentando, en la lectura de esas escenas, puede compararse con lo que sintieron y sentirán las víctimas de la tortura. Y por eso lo lees, no te apartas ni cierras los ojos, porque es la verdad y esas víctimas muy reales que existen en nuestro propio mundo, no merecen menos"

Me siento impelido a describir las luchas de nuestros días, situándolas en otros mundos. O incluso en este, que ya sabéis que la fantasía histórica es un género que me gusta.

Sorgina sucede en un mundo donde la Inquisición gobierna y persigue

Imagino escenarios mejores, sí. Pero ninguno de ellos donde no haya que luchar para que eso sea así. Porque no puedo hacer como que esa realidad no existe. Y mucho menos darla por superada.

Creo que no nos beneficia andar por ahí creyendo que todo es genial. Estas olas de positivismo me asquean. Considero preferible una buena patada en los inmencionables por parte de la realidad. Como este artículo de Guillem López.

Entre otras cosas, porque si cometemos la equivocación de aislarnos en nuestra burbuja reducida, donde todos somos tolerantes, respetuosos e integradores, cuando saquemos la cabeza de ahí el impacto va a matarnos.

Y sí, puede escribirse literatura de evasión sin más finalidad que la de entretener o ser hermosa. Eso existe. Se llama esteticismo y fue un movimiento muy cultivado durante la última mitad del siglo XIX. Entre otros, por Oscar Wilde.

Los esteticistas convirtieron en obras de arte las teorías de Kant a la vez que rechazaban los postulados utilitaristas. Sí, el mundo era gris. Pero el arte no debía recrearse, sino mostrar mundos mejores y más felices. Más hermosos.

Luego la vida le partió la cara a Oscar Wilde y mató a su esteticismo. No es una opinión, si os leéis De Profundis veréis que el hombre acabó muy desengañado de todo. Como todos los escritores que secundaron este movimiento antes de la Primera Guerra Mundial.


Aquí Wilde esteticista

A las personas se nos da bien obviar aquello que no vemos. Somos la avestruz perfecta. Y quienes tenemos la fortuna de vivir con ciertas comodidades más aún. Tenemos el privilegio de poder mirar hacia otro lado como si nada pasara.

Pero pasa y sucede a cada puto segundo. Así que no voy a contribuir a esa falacia creando realidades perfectas donde todo se da por sentado y todo lo malo ha sido superado.

Entre otras cosas, porque ya me tragué una vez una de esas falacias y se me indigestó. Crecí creyendo que existía la igualdad de género y que el feminismo era algo superado al haber alcanzado la equidad.

Así que me llevé una buena hostia al constatar que no era así. Y que ese discurso de "somos iguales" era una puta pantomima. Ahí decidí que no pensaba tragarme ni una sola vez más ese discurso del "Aquí está superado: no hablamos de ello porque sino es resucitar a ese fantasma". ¿O era despertarlo?


Christine de Pizan ofrece su obra a la Reina

Prefiero comulgar con Christine de Pizan, la primera mujer que decidió usar la pluma para defender a las mujeres de los agravios de su tiempo. Allá por el siglo XV, para que veáis que la tendencia a usar la pluma como arma es vieja.

Decidí que no contribuiría a legitimar esos discursos evasivos. Por eso en mis escritos hay violencia estructural, odios, discriminaciones, asesinatos, violaciones, tortura...  Hay todo eso y más. Situaciones que por desgracia son también un mal enquistado en nuestro mundo.

Podría ignorarlas, sumergirme en una historia alegre y olvidar que sucede. Tengo ese privilegio. Pero no quiero hacer uso de él. No quiero olvidar mientras escribo que esta mierda sucede de continuo.

El esteticismo no me llama ni me impele. No quiero escribir historias vacías, sino otras que transmitan y puedan serle de utilidad a alguien. No es presunción, mi objetivo en la vida no es ser el gurú de nadie.

No soy Orwell ni lo pretendo. El impacto de lo que escriba será ínfimo en el mejor de los casos. Ahora bien, eso no me va a impedir comprometerme a seguir escribiendo historias que inviten a la reflexión y a la crítica social.

Simplemente al escribir busco lo mismo que cuando leo. Y como lector me gusta aprender. A muchos lectores les gusta. Por eso desde tiempos pretéritos se ha utilizado la ficción para explicar situaciones a través de personajes inventados.

La lectura nos ayuda a comprender el mundo desde otra óptica. Estimula la empatía y nos dota de una gran capacidad para extrapolar lo leído a nuestra realidad e interpretarla. Nos hace analíticos.

Por eso considero importante no evadir en mis textos temas polémicos y/o censurables. Prefiero exponerlos y presentarlos al escrutinio de quien tenga a bien leerme.

Leyendo Terramar, por recuperar el ejemplo, no puedes escapar de la naturaleza perversa de la humanidad. Del mismo modo que tampoco es posible hacerlo en los mundos de Joe Abercrombie ni en los de Martin.

¿Eso significa que me recreo en el dolor? No más allá de lo que el retrato requiere. Mi intención no es banalizar la violencia para crear mundos "muy duros". La injusticia es algo punzante y doloroso y así trato de mostrarlo al escribir.

Creedme, no hace falta recrearse para que cualquier acto deleznable sea horrible y asquee al lector. A menudo basta con mencionarlo para crear esa angustia. Pero tampoco es que causar o no eso me quite el sueño.

Porque es angustioso, sí. No pintar mundos bonitos requiere crear cosas abyectas. O más bien adaptar los monstruos de nuestro mundo a otros ecosistemas de fantasía.

Viendo las noticias, el Demogorgon es hasta un buen tipo

La diferencia es que tú puedes cerrar el libro en cualquier punto. Los que sufren en nuestra realidad no tienen esa elección. No pueden darle la espalda. No se pueden evadir.

Por eso no practico la literatura evasiva, porque cuando escribo intento denunciar aquello que no me gusta. Mostrar lo que es feo sin esconderlo debajo de la alfombra y enfrentarlo. Y sin ser moralista, que ya sois mayores para sacar vuestras conclusiones solos.

Como ya le dije hará unos días a la escritora Alícia Pérez Gil a raíz de este post suyo, considero que retratar los movimientos de divergencia ante la injusticia es solo otro camino más para denunciar lo que no nos gusta. Parafraseando a Kameron Hurley: siempre hemos luchado.

Aún cuando no hay esperanza, a lo largo de los siglos, lo hemos hecho. Y lo seguiremos haciendo. Es una realidad demostrable empírica y racionalmente. Supongo que forma parte de la naturaleza humana de la que hablaba hace un rato.

Siempre hemos luchado y arte estuvo allí para mostrarlo

Esta lucha bien puede mostrarse de forma más optimista. Pero eso se lo cedo con gusto a otras corrientes literarias con más afinidad con la muestra de la esperanza. El hopepunk, por ejemplo.

Comprendo esos movimientos, pero no está en mi talante formar parte de ellos. Mientras eso siga así, seguiré construyendo mundos injustos, donde el cambio se consigue peleando por él con uñas y dientes. Sin rehuir el retrato de aquello que es monstruoso y cruel.

No es una forma mejor ni peor de contar historias, simplemente es la que he elegido. Mi intención no es justificarme por ella y tampoco pedir disculpas. Eso sería asumir que estoy obrando de forma equivocada.


¡Nos leemos!

2 comentarios:

  1. Una reflexión muy interesante. No puedo estar en desacuerdo con tus argumentos, pero aun así pienso diferente.
    ¿No te da la sensación de que mucha gente se ha insensibilizado al grimdark y a esta clase de historias? Yo hasta llegaría a decir que para algunas personas, estas historias oscuras, de grises y amoralidades se han convertido en la evasión de muchas personas que se escudan en estas filosofías nihilistas para escabullirse de sus responsabilidades y de las consecuencias de sus actos egoístas. Gente que leerían textos como los tuyos y ni siquiera se pararían a pensar, solo quieren una historia más de gente cínica que les confirme su retorcida visión del mundo. Que lo ven y piensan "así es como tiene que ser" en vez de "por desgracia, así es como es".

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    1. No creo que el grimdark tenga más responsabilidad en la legitimación de las mentalidades nihilistas de la que tiene cualquier otro movimiento artístico.

      A fin de cuentas, el cinismo es algo que se ha venido dando desde la Grecia Antigua. La creencia de que el mundo es así, de que la realidad es estática... Es manifiesta a lo largo de la historia. No es un mal de ahora, de modo que no se puede culpar al grimdark de su existencia presente.

      Al fin y al cabo, legitimar o no ciertas realidades como las únicas posibles es algo que depende mucho de cada uno. No se necesita realmente una corriente en la que apoyarse, solo la voluntad de hallar un sostén para dicho punto de vista. Y de no encontrarse ningún referente firme, este se inventaría a partir de los fragmentos convenientemente seleccionados de otras teorías.

      Esto es especialmente visible en la política, donde es habitual hacer un uso partidista de ciertos acontecimientos y/o figuras históricas. ¿Significa esto que los sujetos víctimas de este uso tiene responsabilidad sobre el mismo? O por poner un ejemplo más claro: ¿es responsable Isabel la Católica del uso y mensaje que se atribuye a su figura?

      Pues lo mismo sucede con el grimdark y la legitimación del nihilismo y del cinismo imperante hoy día. Que por cierto, uno puede ser cínico y nihilista sin cometer actos de aberrante egoísmo ;)

      Espero haber dado respuesta a tu pregunta. De no ser así, ya sabes que estoy encantada de seguir con este debate

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