Animales en la ficción


Incluir animales en una novela es buena idea... Si sabes cómo hacerlo ^^'

Las novelas de fantasía parecen un zoológico: caballos, podencos, cuervos, lobos, gatos... Y eso por no mencionar a criaturas fantásticas (dragones, unicornios...) o animagos.

Sin embargo, estos animales no siempre están bien representados en la ficción, bien por falta de conocimiento, bien por no habernos informado con anterioridad sobre su comportamiento, la cual cosa da lugar a escenas extrañas, inverosímiles y carentes de equilibrio.

Para evitar que esto os ocurra, he confeccionado esta pequeña guía sobre cómo introducir animales en nuestras novelas de fantasía sin acabar más jodidos que en Jumanji.



Lo más importante a la hora de escribir sobre animales es estar prevenidos de los errores más comunes que suelen comenterse en este campo para no caer en ellos.

Os sorprendería la cantidad de veces que los animales son protagonistas del estrepitoso error de más de un escritor (y no necesariamente principiante). Entre los más frecuentes encontramos:

a) Objetivización: El animal es usado como instrumento recurrente. Aparece en el momento óptimo y obra tal y como al escritor le conviene para hacer avanzar la trama.

b) Humanización: El animal manifiesta comportamientos y actitudes más propios de seres humanos que de miembros de su especie. Este mal es especialmente acusado en la mascota del protagonista.

c) Uso de avatar: El animal cumple la función de expresar las emociones y opiniones del personaje (humano) al que sirve o acompaña. El gruñido del perro suple el mostrar la ira del dueño.


Teniendo en cuenta que no podemos caer en estos tres factores, veamos cuáles son los pasos a seguir para introducir con éxito animales en nuestras novelas.


1. Dotarlo de un papel


En primer lugar hay que decidir cuál será la función del animalito en sí dentro de nuestra novela, si esperamos de él comparta protagonismo como un personaje más, o si simplemente deseamos de él una aparición puntual, sin mayor relevancia.

Y es que no es lo mismo tener una manada de lobos que acompaña a nuestro protagonista, que el hecho de que un grupo de ellos ataque al protagonista en el capítulo X.

En el primer caso, es posible que varios de los lobos desarrollen una personalidad más o menos marcada, que los diferenciará del resto de miembros de la manada.

La pantera de impronunciable nombre y el drown

No son pocos los animales que, como entes individuales, han tenido un papel relevante como personajes dentro de novelas de fantasía, como la pantera astral Guenhwyvar, que acompaña a Drizzt (ese cochino elfo oscuro que no llega ni a la suela del zapato a Atron).

En cambio, la manada del segundo grupo actuará como un conjunto, sin permitirnos apenas diferenciar a uno de los individuos (normalmente el jefe), de modo que podría ser contada como un único personaje.

Así es como actúa la manada de lobos descrita por Raquel Mayorga en Lobo contra Perro, de cuyos miembros solo el jefe, el gran lobo negro, nos es conocido.

También en esta segunda categoría incluiríamos a los animales o grupos de ellos que aparecen esporádicamente en nuestra novela como elementos del paisaje o como fuente de recursos para nuestros personajes (ej. rebaños, bandadas de pájaros... etc.).


2. Darles un entorno adecuado


Tanto si son un personaje de nuestra novela como si simplemente vamos a utilizar a los animales como elementos secundarios, es importante dotarlos de un entorno en el que vivir que se adapte a sus necesidades.

Anteriormente hablamos en el blog sobre la manera adecuada de elaborar cadenas tróficas sostenibles en nuestros mundos de fantasía, así que seré breve en este aspecto.

Sean depredadores o presas, los animales de nuestras novelas deben estar adaptados al entorno en el que habitan, provistos de recursos suficientes para sobrevivir y capacitados para reproducirse y garantizar la continuidad de la especie.


Adorable camada de zorritos (por Alice Macarova)

Por lo tanto, nada de crear manadas de veinte tigres gigantes en una estepa donde solo viven ratas. Ah, y mucho menos se os ocurra plantar guisos de conejo en un pantano ¬¬


3. Estudia


Tercer y último punto de esta breve guía, y a mi criterio el más importante de todos, pues si no lo pones en práctica de forma adecuada, todo lo demás será trabajo vano.

Antes de escribir nada, infórmate sobre las conductas, gestos y comportamientos habituales de los animales que vayas a incluir en tu novela.

No es necesario que memorices la enciclopedia, basta con echarle una hojeada (libreta en mano) a algún vídeo u documental al respecto y familiarizarte con los gestos y conductas de dichos animales para poder escribir sobre ellos.

La diferencia entre alguien que sabe de lo que habla y alguien que no se ve en los detalles, en ese tirar las orejas hacia atrás, en el gruñido que deja a la vista los colmillos, en el rasguñar de las pezuñas...

Incluye un pequeño atisbo de realidad en tus escenas con animales, y éstas se volverán épicas y consistentes. Palabra.


Con esta reflexión doy por concluida la entrada, que si bien breve, espero que os resulte de utilidad a la hora de introducir animales en vuestras novelas.

¡Nos leemos! ^^

1 comentario:

  1. Leyendo tu artículo me acabo de dar cuenta de un fallo tremendo. La protagonista de mi próxima novela tenía un perro en su primera escena. Catorce capítulos después aún no se ha vuelto a oír nada de ese perro. Gracias por recordármelo.

    Y escucharé a los consejos y sugerencias para darle un mejor uso al animal.

    ¡Nos vemos!

    ResponderEliminar