Contratos abusivos y cómo detectarlos


Porque la edición es oscura y alberga crápulas...

Aunque sea duro reconocerlo, el mundo está lleno de hijos de mil padres y desaprensivos dispuestos a parasitar el trabajo ajeno sin ningún tipo de reparo moral.

No existe profesión, ámbito geográfico ni colectivo social que escape de tan dolorosa mácula, pues como los hongos y las cucarachas, también los aprovechados anidan y proliferan en casi cualquier hábitat. Son fascinantes desde el punto de vista biológico, la verdad.

Pero dejemos estas reflexiones para otro momento y centrémonos en el tema central de este post: los contratos abusivos y cómo evitar caer en sus redes.

Para ello, si me lo permitís, voy a poneros un ejemplo de mi propia experiencia que poco tiene que ver con el mundo de la escritura, pero que resulta igualmente ilustrativo (sí, estoy usando ese recurso que expuse aquí).



Resultó que por cuestiones de un pago hecho mal y a destiempo, tuve el gran placer (nótese el sarcasmo) de reunirme con mis deudores para pedirles explicaciones al respecto.

La encantadora persona con la que traté, lejos de pagarme lo estipulado, se amparó en una cláusula de las sacadas de la manga para no realizarme el aumento prometido.

Jodido, ¿verdad? Bien, pues esto no es lo más hilarante que ocurrió en esta reunión, ya que en un acto de lucidez mental (y para evitar problemas futuros) decidió exponerme las condiciones del contrato para el próximo año.

He aquí una muestra de las condiciones hecha por mí, ya que se negó a ponerlo por escrito:

(Clic para ampliar)

Supongo que nadie en su sano juicio firmaría algo así, ya que es a todas luces abusivo. Y contradictorio. Y no tiene validez porque no está hecho por escrito.

Sin embargo, yo he estado trabajando con estas personas, a las que me referiré en adelante como CdS, durante bastante tiempo. Y hasta el momento presente no había sospechado que recibiría un trato semejante.

¿Cómo es eso posible?


1. No se perciben a simple vista


La gracia de este tipo de contratos terribles, mi querido lector (y futura presa si no te andas con cuidado) es que no se perciben de buenas a primeras.

Unas condiciones inmejorables pueden albergar horrores que harían palidecer al propio Lovecraft en su letra pequeña, de modo que la única solución es la prevención.

Cuando una editorial te ofrezca un contrato no te precipites a estampar tu firma en un papel y analiza rigurosamente cada punto ahí expuesto.

Volviendo al ejemplo de CdS: una lectura superficial nos hace entender que se nos va a pagar en base a las horas trabajadas. Pero si leemos atentamente, nos percatamos de que esta es una verdad matizable que no se aplicará de forma homogénea.


2. Por barrocos los conocerás


Para ocultar sus sucias intenciones, los contratos fraudulentos se valen de un lenguaje recargado y artificioso que dificulta la lectura y comprensión por parte del usuario interesado y potencial víctima.

De acuerdo, el lenguaje burocrático ya es de por sí un infierno de formalismos, pero jamás llegará al extremo del galimatías como método de ocultación de información.

Algunos contratos parece sacados de un gag...

Con todo, se trate o no de un contrato fraudulento, si te surge cualquier duda durante la lectura del mismo, tienes derecho a exponer tus dudas y la parte contratante tiene la obligación de darte una respuesta a las mismas hasta disiparlas.

Por lo tanto, ejerce tu derecho y pregunta antes de firmar algo que no comprendes completamente, así reducirás en un 60% las probabilidades de ser estafado.


3. Error 404: información not found


Cuando la respuesta de una editorial a tus preguntas sobre un contrato no te resulte satisfactoria empieza a desconfiar, y si te responden circunloquios que mezclan el tocino con la velocidad, desconfía sin temor.

Al verse acorraladas con su contrato fraudulento suelen intentar salir por la tangente y marear a su víctima con explicaciones inconexas y argumentos de dudosa validez real a fin de engatusarlo.

No caigas en sus redes: si algo no está claro, señálalo y pide que te lo expliquen tantas veces como sea preciso. Y si no quedas conforme con esta explicación o dudas, pide que te envíen una copia del contrato para analizarlo con tu asesor.

Si de verdad son una editorial legal, no van a tener problema alguno en facilitarte el contrato, pero si te ponen trabas, huye cual ratón del desierto: estás ante unos estafadores.


4. O lo cambias, o lo firma tu madre


Vamos a suponer que hablando y negociando el contrato, encuentras cláusulas que no son de tu agrado, lo expones a la editorial y estos aceptan a modificarlas.

Para empezar, que sepas que no incurres en ningún delito si deseas revisar o modificar alguna parte que te parece abusiva. Si no estás seguro, utiliza los consejos del asesor del punto anterior para detectar estos abusos.

Bien, pues ni se te ocurra firmar el contrato hasta que estas hayan sido cambiadas, por mucho que te juren por Piolín y Pocoyó que van a modificarlas, ya que el único documento válido es el que contiene tu firma.

La niña tonta firmó sin mirar... luego se quedó sin habla u_u

Parece de cajón, pero no sería al primer incauto al que engañan con esta sucia estratagema carente de honor y respeto, así que ándate con ojo antes de estampar tu preciosa rúbrica en una hoja. 

Y sobretodo, cuando te entreguen el contrato modificado, vuelve a repasarlo entero, por si se les ha ocurrido cambiar algo que no te conviene y te la cuelan. De los descuidados comen los perros, dicen.



5. Sin papel no hay acuerdo



Por último, aunque no por ello menos importante: tienes el más mayúsculo y absoluto de los derechos a exigir que cualquier acuerdo al que lleguéis conste por escrito en pro de evitar problemas mayores.

No aceptéis una negativo o un "no hace falta" como el que expresaron las ilustres personas de CdS del ejemplo con el que empezamos este post: si no está escrito no consta en ningún sitio, de modo que no podrás reclamar nada.

Y lo mismo ocurre con un contrato: tras la firma del mismo la editorial tiene la obligación de darte un ejemplar firmado del contrato (vía física o digital) del mismo. Si no te lo ofrecen, debes pedirlo, pues te será necesario para poder reclamarles cualquier irregularidad que percibas.



Teniendo presentes todas estas cosas, podrás evitar caer en manos de una editorial sin escrúpulos. Ahora bien, es más que recomendable que te informes sobre las leyes vigentes que regulan esta actividad en tu país a fin de evitar ser estafado por desconocimiento.

A fin de evitar esto, recomiendo fervientemente que visites el blog de Mariana Eguaras o la serie de artículos de Javier Pellicer para informarte sobre estos aspectos.

También resultará de suma importancia que conozcas los distintos tipos de derechos de explotación sobre una obra que existen y lo que implicará la cesión de los mismos.

Con todo esto, ya estás preparado para salir ahí fuera y enfrentarte a los contratos editoriales con las armas suficientes para evitar se estafado. 

Pero como decía mi sapiente abuela: más vale prevenir que curar, así que mantente siempre alerta, solo así podrás desterrar de tu vida las intentonas de los CdS's del mundo editorial.


¡Nos leemos! ^^


1 comentario:

  1. Otro gran artículo, Alister. Además, este es un artículo muy necesario.
    Yo me he encontrado con malas prácticas y con contratos pochos de estos. Es más, en una ocasión tuve que acudir a un abogado para terminar cierto contrato editorial abusivo; tan abusivo que, a pesar de haberlo incumplido (ellos), se negaban a devolverme el manuscrito... Y una vez "solucionado" se dedicaron a amenazarme, diciendo que me iban a crujir en sus redes, que tenían millones de seguidores... En realidad tenían menos que yo... pero bueno, es el percal que hay ahí fuera.
    No basta con estar metidos en una profesión complicada de por sí, que ahora además está sembradita de minas y de trampas... Porque por una parte están las editoriales piratas estas que se dedican a arramblar y por otra parte te encuentras con editoriales pequeñas, que hacen lo que pueden —lo entiendo— pero que se escudan en eso para poner sobre la mesa contratos poco ortodoxos o perjudiciales.
    En fin... si uno se pone a pensar, te sale mucho más a cuento ser independiente... Pero bueno, sigue habiendo buenos profesionales y gente que trabaja bien. Sin embargo, es necesario este tipo de artículos para que no nos la metan doblada.
    Un abrazo! :D

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