Sociedades machistas, no novelas misóginas


Porque retratar la desigualdad no te obliga a alabarla.

El escenario recurrente de no pocas novelas de fantasía suelen ser mundos inspirados en la Edad Media Europea, donde imperaba (además de un sistema feudal) la desigualdad social, la intolerancia y el machismo.

Construir este tipo de sociedades no es un crimen, si bien se han escrito tantas historias inspiradas en mundos de este corte que los lectores andan locos por hallar algo que se aparte radicalmente de estos (como las historias de La Otra Fantasía Medieval).

Lo que sí es un delito, es dejar que nuestra novela se vea manchada de conductas aberrantes que el propio narrador justifica con la excusa de estar retratando una sociedad machista/clasista/racista. O peor, con el cansino "rigor histórico".

Así, si vuestro deseo sigue siendo retratar sociedades claramente desiguales, aquí os dejo una serie de consejos a tener en cuenta para que vuestra obra no se convierta en cuna de la más rancia misogínia.



1. Digamos NO al pensamiento-colmena

El primer error que uno puede cometer cuando retrata en sus novelas mundos desiguales es permitir que esta desigualdad se convierta en parte esencial de la cosmovisión de todos los personajes que van a moverse por ella.

No podemos negar que la sociedad influye en la forma como las personas que la integran entienden el mundo, pero esto no significa que todos acepten como correctos o adecuados los planteamientos que esta sociedad pretende convertir en dogmas.
¿Qué dices qué de que las chicas no podemos luchar?

Por poner un ejemplo claro: España es un reino, pues tiene reyes. Sin embargo, no son pocos quienes se sienten más afines a un régimen republicano a pesar de que la sociedad en la que han crecido y viven es monárquica.

Lo mismo debe ocurrir en tu novela: los personajes no tienen por qué pensar que las normas del mundo en el que viven son justas o correctas, pueden y deben disentir. Si no todos, al menos una parte de los mismos.

Uno de los ejemplos más claros en la ficción es el de Arya Stark, una muchacha que no cree que el hecho de haber nacido mujer sea un argumento de bastante peso como para relegarla a un mero papel de señora de un castillo, por mucho que la sociedad insista en que es lo adecuado.


Nicasia (La Corte de los Espejos), otra gran disidente

Personajes como Arya, llamados rebeldes o inconformistas, los hay a puñados. Y todos ellos son maravillosos. Entre otras cosas, porque se cuestionan qué es moral y qué no, al margen de la sociedad. Además, sirven para que el lector se sienta identificado con ellos, pues sus planteamientos le son más próximos.

A nivel personal, me gusta la existencia de personajes que se opongan a la moral colectiva. Por eso intento casi siempre que haya al menos un personaje que disienta sobre los valores de la sociedad en la que le ha tocado vivir. 

En Sorgina, por ejemplo, es Paloma, la protagonista, quien se niega a pasar por el aro de la moralidad: ella es mujer y no tiene ningún problema por andar sola por los caminos, diga la moral social hispana de siglo XVII lo que diga.

Ah, y para los que me vienen con lo del rigor histórico y la disidencia. No es una licencia de la fantasía añadir personajes que discrepen en sus historias. Nuestro pasado está repleto de gente adelantada a su tiempo que renegaba de los valores de la sociedad en la que vivían.

Para no poner mil ejemplos, me quedo con Caterina Sforza, quien plantó cara a la familia Borgia y a los Estados Pontificios a pesar de que "solo era una bastarda".

Hijos míos, que la sociedad sea machista no ha convertido a las mujeres en seres aborregados y dóciles en ningún momento de la historia. Una cosa es que ese fuera el ideal a imponer (por la fuerza) y otra muy distinta, que lo aceptaran sin oposición alguna.



2. El narrador no es la sociedad

El otro error mayúsculo es conferir al narrador un papel que no le corresponde: hacer de voz de la sociedad y juzgar los actos de los personajes en base a la moral de la sociedad que en la novela se retrata.

Omnisciente o no, un narrador externo no debe ser juez de los actos que presencia. Entre otras cosas, porque el moralismo ya no se lleva y a los lectores hay que presuponerles inteligencia y autonomía moral. De modo que no es recomendable tratar de adoctrinarlos mediante una voz en off narrativa.


Kvothe: un narrador con toques de (evidente) machismo

La cosa cambia cuando trabajamos con un narrador-personaje, pues este sí puede presentar pensamientos misóginos o racistas, cosa que ocurre en novelas como El Silenciador.

Ahora bien, cuando trabajemos con este tipo de narrador (y de personaje) debemos esforzarnos porque sus palabras no se conviertan en verdad objetiva. De no hacerlo así, estaríamos convirtiendo nuestra historia en un alegato machista. Y no queremos eso, ¿verdad?

Uno puede escribir desde la perspectiva de personajes deleznables, como el esclavista misógino Atron (Sub-Suelo) y por ello permitir que sus palabras sean ley solo porque la sociedad le ampara en su discurso.

Aquí es donde los personajes disidentes vuelven a jugar un papel importante, oponiéndose a esta visión del mundo y sirviendo como fuerza opositora al mismo. No es necesario que el personaje-narrador machista sea el antagonista de la historia para no apoyar sus planteamientos de vida.



3. Destierra el "rigor histórico" de tu vida

El Final Boss a la hora de escribir estas historias no es otro que ese deseo de purismo imperante. Dado que nos inspiramos en un Medievo europeo, buscamos conferir cierto toque realista a nuestra historia.

Tal planteamiento, si bien es muy sano para el worldbuilding estético y social, no lo es tanto para el moral. Además de que supone una contrariedad: ¿cómo hablas de rigos histórico en un mundo con dragones, hechicería y elfos taberneros?


Todo muy realista hasta que se ve el elenco ^^'

Como ya han señalado hasta quedar sin boca no pocas personas, este realismo suele ser sinónimo de "lo elimino todo menos la desigualdad y el machismo". Me abstengo de comentar al respecto, por que creo que aún con esos elementos una novela puede no ser misógina, a pesar de que a mí no me gusta hacerlo así.

En cualquier caso, volviendo al rigor histórico, solo puedo deciros una cosa: es una de las falacias más grandes y absurdas que existen hoy día. Dejarse guiar por él no solo es un error, sino una idea pésima y nefasta.

Lo que el común de mortales entiende como rigor histórico es aplicar de forma purista aquello que en los libros hemos conservado como modelos sociales: códigos de leyes, escritos eclesiásticos, pinturas... Y eso hijos míos, no es purismo sino idealización.


Sería como creer que la gente era bella porque la pintaban así

Textos y representaciones artísticas plasman aquello ideal, no aquello que fue realmente. No podemos saber cómo eran las cosas porque la forma de vivir no se conserva en un museo. Por eso os digo que hablar de rigor es absurdo.

Antes os hablaba de la disidencia y Caterina Sforza. No se puede contemplar a esta mujer como una excepción. Las personas somos, hemos sido y seremos individuales y únicos. Su mera existencia ya nos muestra que el rigor es un mayúscula tontería, pues en la propia sociedad hay quienes contravienen este purismo.

Por eso existen vegetarianos en el siglo IV aC, gente como Nietzche, preocupada por el alma animal cuando el pensamiento cartesiano negaba su existencia y mujeres como Jeanne d'Arc o la misma Sforza que vistieron la armadura cuando todo el mundo decía que su sino es parir.

Salvo que queráis borrar de la realidad a personas tan maravillosas y negar su existencia perpetrando tópicos idealizados en vuestras novelas (de ficción, os recuerdo), os recomiendo que dejéis el rigor para la simple documentación estética y os inspiréis en la diversidad social en la que vivís.

Y esto último no lo digo yo como historiador, os lo recomienda la antropología, ciencia que estudia el pasado de la humanidad a través del análisis de los patrones sociales aún presentes en la sociedad ;)



Con todos estos consejos, os podéis lanzar sin miedo a teclear sobre sociedades desiguales sin temor a que esta desigualdad convierta vuestra obra en una oda a la misogínia, el racismo o la homofobia.


¡Nos leemos! ^^

4 comentarios:

  1. Muy interesante, como de costumbre, claro! Yo siempre intento dejar de lado todo el machismo, esté ambientado en la época que sea, principalmente porque es necesario actualmente, es bueno, da mucho juego y adoro escribir personajes mujer, algo que sería tedioso en una sociedad machista. Sin embargo, yo creo que esta actitud no se da tanto en los escritores porque actualmente nos es más fácil concebir una sociedad con dragones que una igualitaria. Y eso es un problema muy, muy gordo... :/

    En fin, un saludo!

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    1. Sí que es un problema, pero no debemos resignarnos. Las sociedades pueden cambiar, solo tenemos que tener la voluntad necesaria ^^

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  2. Me gusta mucho los planteamientos del primer y tercer punto, que son en los que se suelen apoyar los más "puristas". Por un lado, de excepciones está el mundo lleno, pero la historia la escriben los vencedores. Pero los historiadores que rascan, encuentran. Y esas excepciones son las que suelen tener las historias más interesantes: la vida de Espartaco llama más la atención que la de otros esclavos de la Roma republicana.

    Por otro lado, el idealismo. Mucho del cual viene de los documentos escritos que han quedado. La imagen que se tiene de la Edad Media, por ejemplo, viene de la de los románticos del XIX, reforzada por Hollywood en el XX. Y no era una imagen real. Incluso obras como el teatro de Lope de Vega idealizaba conceptos de honor y honra que en la realidad de su tiempo tenía muchos matices de grises.

    Menos mal que la historiografía ha ido dando un cambio de rumbo y, poco a poco, se va sabiendo más de la existencia de personalidades como las de Trotula de Salerno, Hildegarda Von Bigen, Uraca de Castilla o María Balteira.

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