Perros, gatos y escritores


Porque la diferencia a veces es que andan erguidos...

La primera entrada del año vamos a dedicarla a hablar de mamíferos peludos. Y no, no va ser un repaso a las mascotas de los escritores, eso ya se ha hecho.

Nosotros vamos a ser un poquito más originales, pues trataremos sobre el terrible parecido entre los juntaletras y estos entrañables animales domésticos.



Primero de todo, es conveniente recalcar que existen escritores-gato y escritores-perro, y aunque ambas clases disfrutan de darle a la tecla, su manera de enfocar la carrera literaria no suele ser la misma. Que no se parecen en nada, vamos.


1. Escritores - perro


El escritor canino es aquel que manifiesta un desmedido entusiasmo por el arte de escribir. Llegan a tales niveles de emoción que muchos expertos han llegado a considerar a este tipo de escritores como una fase propia de escritores novatos.

Se puede distinguir con facilidad a un escritor-perro por la arrolladora cantidad de energía que lo embarga, no importa en qué momento o circunstancia se encuentre. Son capaces de ponerse a escribir en casi cualquier entorno, por ruidoso o incómodo que este resulte.

"Chillad más fuerte, que así escribo mejor las peleas"

Por desgracia, tal capacidad de escribir no es 100% amortizada, pues su naturaleza despistada les impide acordarse de llevar siempre una libretita a mano. Suerte que hoy día existen los smartphones... XD

Además de su entusiasmo, son personas muy sensibles, y casi cualquier pequeño logro supone para ellas un motivo de gran dicha, regocijo y satisfacción (sí, incluso un RT puede hacerlos lagrimear).

Y es que en el fondo, el simple hecho de poder escribir ya los llena de felicidad. Se alegran tanto de poder hacerlo, que los obstáculos que encuentran en el camino apenas si les parecen una ligera molestia.


2. Escritores - gato


Por otra parte, los escritores felinos se caracterizan por mantener una actitud de perpetua inconformidad. Nunca están satisfechos del todo con lo que escriben, y mucho menos con lo que el oficio de escribir representa.

El escritor-gato es perfeccionista y exigente hasta rozar la locura. Son tan duros con ellos mismos que jamás sienten que estén haciendo un gran trabajo.

"No sé si reescribir esta escena por octava vez..."

Por ese motivo es muy difícil verles congratularse públicamente de sus éxitos (si bien por dentro sienten un subidón de ego de proporciones bíblicas cuando algo sale como esperaban).

Acostumbran a protestar y ver siempre la parte negativa de la vida. No importa cuántos libros haya publicado o lo bien que se vendan, si les preguntas siempre sacarán a relucir todos los fallos (reales e imaginarios) del panorama literario actual. Si quejarse fuera deporte olímpico, ganarían el oro.

Y es que, como decíamos, el félido que escribe necesita vivir rodeado de perfección para dar lo mejor de sí: el café caliente, una sala aislada y sin ruido, con luz del sol, la libreta de papel reciclado... 

La más ligera molestia puede dar al traste con una jornada de escritura. Y no es recomendable que eso ocurra, pues tienen habitualmente muy malas pulgas, sobretodo cuando son molestados o las cosas no les salen bien.

Aún así, los escritores felinos compensan esta falta de positividad con un talante obstinado y metódico: puede que no escriban en cualquier parte, pero no saldrán nunca de casa sin estar bien equipados por si se presenta la ocasión.

En el fondo, por gruñones y quejicosos que se muestren, los escritores-gato adoran lo que hacen, y a la escritura se entregan con la tenacidad del que sabe que será capaz de lograrlo todo, ni que sea por la ambición de poder.



¿Y vosotros lectores? ¿Sois gatos, perros o híbridos?


¡Nos leemos! ^^

13 comentarios:

  1. ¿Yo? Escritora-gato de toda la vida. Nunca me quedo del todo satisfecha después de escribir una escena, pues pienso que podría haberla hecho mil veces mejor o sin caer en clichés absurdos. ¡Si tardé más de tres años en autopublicarme porque nunca estaba contenta con mi novela!

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  2. me he dado cuenta de que soy una quimera: me emociono con cualquier reacción a las cosas que hago, incluso el mas pequeño gesto y ademas siempre me entusiasmo por mis proyecto,pero tengo la mania de que pienso "podría hacerlo mejor" he llegado hasta el extremo de borrar un capitulo entero solo porque no me gusto como quedo.

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    1. Más vale tarde y bien, que mal y pronto ^^

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  3. Yo soy totalmente escritor-gato jajaja, ¡no me extraña que sea uno de mis animales favoritos! Nos leemos ❤

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  4. Yo creo que soy una mezcla de los dos... por un lado disfruto mucho escribiendo y no me paro a pensar si escribo bien cuando escribo porque sé que lo puedo arreglar. Pero también tengo días en los que me pongo gato y no escribo nada bien y más que escribir reescribo... Aunque creo que soy más perro que gato, ¿y tú qué?
    Un abrazo y feliz año!!

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  5. Me ha parecido muy graciosa la perspectiva de la entrada, dividiendo entre perros y gatos. Yo soy más gato, pero creo que también hay escritores como elefantes, pájaros como el avejaruco que no paran de moverse, moscones, líbélulas e incluso me he encontrado ¡murciélagos!

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  6. Creo que soy bastante gato, aunque los RT y los comentarios me hacen ilusión soy comedida con la celebración.

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  7. Escritora gato que se hace pasar por escritora perra... muy perra ;)

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  8. Híbrido. Me emociona que la gente alabe lo que escribo y me emociona que me tengan en cuenta. Aunque también necesito un lugar tranquilo para escribir y critico mucho lo que escribo (me gusta, pero siempre me cabrea no llegar a dar el toque que le falta; me falta mucho para lograrlo).

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  9. La verdad es que antes era muy gatuna, pero creo que por culpa de eso no llegaba a escribir tanto como necesitaba, así que soy un poco gata y un poco perra. Busco emocionarme a mi misma con el simple hecho de escribir solo para acallar al gato tan crítico que llevo dentro.
    Es un poco extraño hacer tal regresión, pero creo que me está funcionando.

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