Cómo construir una distopía terrorífica II


Porque las distopías que dan miedo molan más.

Lo prometido es deuda, de modo que aquí os traigo la segunda parte del mega-tutorial para construir distopías que causen verdadero pavor en los lectores.

En la anterior entrega vimos cómo se estructura el gobierno de la sociedad distopía y qué técnicas pone en marcha con el fin de mantenerse en el poder. 

Para ello, cuenta con el apoyo de los medios de comunicación, pero como ya advertimos en su momento, son necesarios otros agentes para que el sistema distópico pueda permanecer en el tiempo. De ellos hablaremos hoy.


1. La ciudadanía, agente gubernamental

Como pudimos comprobar en la anterior entrega, la sociedad civil es una pieza clave tanto para el mantenimiento del régimen como para legitimar las técnicas del gobierno distópico. Sin la complicidad del ciudadano, nada puede sostenerse ni funcionar.

A fin de cuentas, en el momento en el que el ciudadano toma consciencia de su poder, se convierte en un elemento subversivo y peligroso. Un terrorista: el otro.

Por este motivo, desde su tono paternalista y protector, el gobierno distópico buscará incrementar la complicidad de los ciudadanos para con él. Debe hacerles sentir importantes dentro de su insignificancia, pero nunca poderosos.


Digno confidente

Inculcado ya el sentimiento de pertenencia y unión en la ciudadanía, el segundo paso es lograr que se conviertan en agentes no reglados para el gobierno. Una unidad de control social dentro de la sociedad.

Para ello es necesario incentivar a la población civil para que actúe como informante y/o confidente del gobierno y de sus organismos satélite (prensa y policía).

Una de las técnicas más eficientes para lograr este objetivo es premiar o condecorar a un pequeño grupo de ciudadanos elegidos cuidadosamente. Una banda de fanáticos o de matones es el candidato predilecto.


La sociedad civil convertida en policía (Inquisitorial Squad)

La existencia de este grupo persigue dos objetivos. Por un lado, contar con una ayuda extra en las tareas de rastreo y captura de disidentes. Por otro, convertirse en ejemplo ciudadano de colaboración (y las ventajas que esto supone).

Dicho grupo, se constituirá en asociación o en organismo reconocido. Aunque este paso no es imprescindible, pues en cualquier caso, se beneficiará de un trato especial por parte de las instituciones

Es decir: pese a su número reducido y a su no-oficialidad, se les dará carta blanca y cobertura para todo tipo de actuaciones que, de otro modo, estarían sancionadas. Como dar palizas a sus conciudadanos o entrevistarse con la élite del gobierno distópico tuteándose.

¿Y dentro de un régimen distópico estricto y jerarquizado, quién no quiere que las autoridades les den palmaditas en la cabeza y jugosos premios a su fidelidad a la unidad de la nación?


Doble control, doble colaboración

Puesta en marcha esta dinámica, el resto de la sociedad civil puede, o bien querer formar parte de este club selecto para obtener sus mismas ventajas, o bien vivir acobardado de su existencia y, por temor a que una rencilla personal con unos de sus miembros se convierta en motivo de denuncia, permanecer ciego y sordo (sin colaborar, pero sin entorpecer).


Resultado: facilitar una quema de brujas Inquisition Style

Sea como fuere, las dimensiones de este grupo deben mantenerse siempre reducidas, convirtiendo la afiliación en un reto que requiere muchas acciones ciudadanas de colaboración con el gobierno por parte de los interesados.

¿Recordáis los ojos, esas cámaras vigilantes que todo lo observan y escuchan? Pues la ciudadanía será a partir de este momento una nueva red de ojos. Y cuando no puedes fiarte de nadie, basta con soltar a los perros para que te cacen, ¿verdad?



2. Las fuerzas del orden

La nariz y la mano de V de Vendetta son las fuerzas de seguridad y los cuerpos policiales. Porque, obviamente, habrá varios (o al menos divisiones internas, luego veréis con qué terrible finalidad).

La policía es la mano ejecutora de las decisiones tomadas por el gobierno distópico. Su función es hacer cumplir en las calles con la voluntad del Líder y sus secuades, manteniendo así el control sobre la población. Lo que se llamará paz ciudadana y orden en las calles.

A menudo, en los escenarios distópicos no existe apenas diferencia entre la policía y un ejército, ya que se trata de cuerpos fuertemente militarizados. De hecho, en muchos casos es el propio ejército quien actúa como fuera policial.


La policía japonesa luciendo uniforme

No es tan descabellado. A fin de cuentas en el mundo hay países que no tienen ejército como tal (por ejemplo el Japón), pero cuya policía dispone de efectivos y armamento suficiente como para suplir a un cuerpo militar.

Los llaméis como los llaméis en vuestras historias, los cuerpos de seguridad cumplirán con tres funciones básicas: rastreo, control y ejecución.


La función de la policía y el ejército distópico


Rastreo e infiltración

Para garantizar el cumplimiento de la ley impuesta por el gobierno distópico, los cuerpos policiales desplegan todo su arsenal de recursos y técnicas de control. Pero a veces, patrullar las calles para hacerse ver no es suficiente.

Cuando el gobierno ha señalado ya al enemigo (ese otro del que hablamos en el post anterior), el hacerse visible en el entorno civil pateando aceras a todas horas deja de funcionar como método de control.


El Gran Hermano te vigila... Y la policía vela porque no lo olvides

La ciudadanía puede no sentirse lo bastante protegida ante la amenaza solo porque los aguerridos agentes pasen a diario por el bar del barrio a comer croquetas. Es necesario ejecutar técnicas más expeditivas (y menos evidentes).

A fin de cuentas, ver un exceso de policía en las calles es una idea nefasta, dado que provoca reacciones adversas en la población. Se vinculará el extra de presencia policial a una situación de inseguridad y eso llevará al caos.

Por ello, las técnicas que suelen emplearse son los rastreos aleatorios, también llamados chequeos vecinales. Esta maniobra consiste en realizar inspecciones repentinas en el vecindario, identificando a los habitantes sin darles detalles del motivo por el cual están siendo fichados o interrogados.

Como resultado de esta operación, la visita de cualquier recién llegado se convierte en motivo de sospecha, cosa que dificulta la integración del otro dentro de una nueva comunidad de vecinos. Para ellos, el forastero será un presunto enemigo al que señalar ante las autoridades, sea en el momento del chequeo vecinal o cuando se las crucen por la calle.

De este modo, la otredad queda aislada e incapaz de integrarse o establecer una red de alianzas. Y no porque todos los vecinos vayan a cooperar con las fuerzas del orden, sino por el miedo. Cuando en cualquier momento puede irrumpir la policía en tu casa e interrogarte, lo que menos te conviene es trabar amistad con un extraño, ¿no?

Por su parte, gracias a estos registros aleatorios y a la sensación que crean en la población, la policía puede controlar las idas y venidas de los vecinos y saber en todo momento quién anda con quién (y quiénes son nuevos...).


El falso vecino o agente doble

A menudo, las técnicas expuestas en el apartado anterior no bastarán para aislar y localizar al enemigo. Esto ocurre especialmente cuando los agentes a cargo son forasteros y la población civil se muestra reacia a integrarles.

Cuando un estado distópico se halle ante una comunidad recelosa, en lugar de someterla a la presión de verse rodeada de policías, lo que hace es aplicar el método del topo o el agente doble.

Estos agentes, cuya identidad es a la fuerza desconocida por sus propios compañeros de cuerpo, tienen la función de integrarse en la sociedad. Para ello deben trasladarse al vecindario y establecerse allí de forma permanente.

A menudo, estos infiltrados entrarán a trabajar en el comercio del barrio, se unirán a la asociaciones vecinales, visitarán los bares... En resumen: tratarán de integrarse en la comunidad y de ganarse su confianza.


El agente infiltrado, también llamado topo

Con el tiempo, estos agentes se implican de tal forma que en no pocas ocasiones acaban contactando con el llamado enemigo y formando parte de su red de confianza. Esto les permite ir filtrando información a la policía desde el núcleo mismo del problema.

Esta técnica, si bien arriesgada, es doblemente efectiva. Si sale bien, la policía obtiene mucha información y puede detener a muchos de los enemigos del gobierno. Si sale mal (el agente es ejecutado, obvio), el temor y la desconfianza se habrán instalado en el corazón del enemigo y será este recelo el que los aísle de la sociedad. Win-win.



El control desde el gobierno distópico

Como ya hemos visto, la policía tiene a su disposición un amplio arsenal de técnicas y recursos para hacerse valer y mantener el control social. Y eso la convierte en un instrumento muy peligroso.

De hecho, si alguien puede minar al gobierno distópico desde dentro, estos son los cuerpos de seguridad. Es por eso que el Líder Supremo se esforzará en todo momento por mantener un control efectivo sobre él. ¿Cómo?

Pues como se hace todo en las distopías, queridos lectores: utilizando técnicas perversas y terroríficas de manipulación, coacción y división.


El refuerzo positivo que no falte

Sí, lo que más le gusta al gobierno en una distopía es mandar y castigar. Pero a veces se permite el lujo de ser bondadoso y dar golosinas a sus perros para que estén contentos y no se planteen ningún ataque.

¿Recordáis que los grupos ciudadanos tenían carta blanca para lo que quieran? Pues los cuerpos policiales también la tienen. La ley no es de obligado cumplimiento para ellos: pueden robar, agredir y violar porque saldrán impunes.

Volviendo a V de Vendetta (no la cito tanto por nada, es que es la historia con los ejemplos más conocidos), al inicio de la novela gráfica vemos cómo la protagonista, Evey, es atacada por unos agentes de la policía tras saltarse el toque de queda y estos tratan de violarla.


El fragmento (clic para ampliar)

Su reacción al saber que esos hombres son policías es la de sometimiento porque sabe que no podrá defenderse ante ellos, ya que "son la ley". Cuando digo que tienen carta blanca me refiero a esto.

A fin de cuentas son lacayos del poder. Y es el poder gubernamental quien controla a los tribunales en una distopía. Y no vas a castigar a tus perros obedientes ^^


La división como sistema

Si para el mantenimiento de la estabilidad se requiere la cohesión social y su unión contra un tercero, para mantener bajo control a las fuerzas del orden es imprescindible dividirlas y, en la medida de lo posible, enfrentarlas.

Es por eso que en la mayoría de las distopías existen divisiones dentro de los cuerpos militares y policiales a pesar de que todos trabajan por un objetivo común. En V de Vendetta, los cuerpos policiales están partidos entre La Nariz (inspectores y rastreadores) y La Mano (cuerpo militar).


Todos son leones, pero hasta que lo entiendan se matarán

Ambos cuerpos deben trabajar coordinados contra el enemigo común, pero no por ello debe renunciarse a que florezca entre ellos la discordia y la desconfianza (eso sí, en niveles aceptables que no interfieran en la ejecución de su labor).

Por ejemplo, puede premiarse a un cuerpo determinado otorgándole medallas mientras se ningunea el trabajo del resto de efectivos. Luego se ofrecen mejoras salariales solo para determinados cuerpos...

Mientras todo esto sucede y los cuerpos policiales se mezclan en sus guerras intestinas, a ninguno de ellos se le ocurre forjar una alianza y derrocar al régimen para suplantarle en el poder. Es una técnica magnífica.

Y además, puede utilizarse en cualquier momento como ofensiva contra las alas disidentes. Si una parte del cuerpo discrepa sobre las técnicas del Líder Supremo, azuzados por el odio, el resto de efectivos los llamarán traidores y los despedazarán mientras el gobierno come palomitas.




Esta misma técnica puede ser aplicada a la población civil con resultados idénticos. En cualquier caso, sería iluso pensar que, pese a todo, nadie va a oponerse a estos sistemas. 

La resistencia existe aún cuando no dejan desde el gobierno margen para ello. Pero eso es otra historia, y será contada en otra ocasión.


¡Nos leemos! ^^