5 motivos para dejar de escribir


Porque no siempre es fácil seguir tecleando...

Escribir es una tarea tan dura como ingrata. Es, como lo define un escritor al que admiro mucho, encadenarse de por vida a un amo cruel y veleidoso.

Y a pesar de esto, no son pocos quienes deciden poner su espada a las órdenes de las musas y las letras, aún cuando la opción más sensata sería huir de una realidad y un destino que se aventuran tan adversos como sufridos.

Sin embargo, por mucho empeño que uno le ponga, llega un punto en la vida de todo escritor en la que siente el irrefrenable deseo de abandonar la escritura, y el que diga que no, es que todavía no ha llegado a ese punto.

A continuación analizaremos las causas más frecuentes por las cuales un juntaletras puede sentir la necesidad de dejar atrás la pluma.



1. Tiempo


El principal responsabilizado de abandonar los hábitos de escritura es el tiempo. Hoy día, parece que nadie tiene tiempo ni siquiera para respirar, de modo que ¿de dónde demonios vamos a sacar tiempo para escribir?

Pocos y afortunados son los que gozan del privilegio de haber convertido el darle a las teclas en su modo de vida, el resto de nosotros, lamentablemente, debemos bregar con un sinfín de tareas tan drenantes como tediosas para poder seguir comiendo (y por ende, escribiendo).

La película es mala, pero el reloj me encantó

Dichas actividades, que en ocasiones ocupan el total de la jornada, nos arrebatan las horas de mayor productividad e incluso la fuerza vital, de modo que, al regresar a nuestros hogares, lo que menos nos apetece es poner el culo ante un monitor y enzarzarnos en una disputa con personajes y escenarios complejos de hilvanar.

Y sí, en esos momentos te importa una puta mierda que en tus cinco blogs de referencia se llenen la boca sobre el valor de la tenacidad, el sacrificio y lo óptimo que resultará para el futuro de tu carrera crear un hábito: si se te cierran los párpados, lo único que te interesa es caer en la cama.

Así, repitiendo este ciclo día tras días, pronto abandonaremos el deseo de escribir por pura falta de práctica: como no llegó a formar parte de nuestra vida, no nos costará relegarlo al cajón de los sueños imposibles.


2. Incompatibilidad


Sumada a la falta de tiempo, la imposibilidad de incluir una rutina de escritura en nuestras dinámicas laborales, afectivas y familiares sin que estas se vean afectadas negativamente por el hecho de añadir este nuevo elemento.

No hablamos en este caso de una falta de tiempo, sino de la negativa a sacrificar una parte de nuestra vida que consideramos importante: el tiempo con nuestros amigos, familiares... etc, a cambio de una actividad que, si bien placentera, no reporta beneficios a largo plazo, sino renuncia.

El orden de valores SÍ altera el resultado

Por mucho que lo intentamos, no logramos hallar el punto de encuentro que permita compatibilizar nuestra faceta de escritor con la pareja/padre/tío y amigo, de modo que escribir se convierte para nosotros en una actividad esporádica, un hobby que, con el tiempo, llegaremos a abandonar.

Tal vez antes hayamos logrado poner punto y final a una historia, pero la falta de horas y dedicación harán de esta algo mejorable que las editoriales no aceptarán y que, a lo sumo, lograremos que lean nuestra familia y amigos (tras mucho rogarles).

El número de potenciales escritores que muere en este punto es incontable.


3.  Falta de disciplina


Para el escritor que salva el obstáculo del tiempo y la conciliación, existe un tercer peligro: el de la falta de voluntad o de capacidad para amortizar sus sesiones de escritura.

De poco sirve a un juntaletras lograr hacer un hueco en su agenda para dedicarlo a la escritura si después usa ese rato para procrastinar hasta dilapidarlo de forma irremediable, cosa que ocurre con dolorosa frecuencia.


Se comprende que así sea, pues las horas dadas a la escritura suelen ser arrebatadas al tiempo de ocio, de modo que la tentación de dejarse llevar por los infinitos estímulos que nos rodean con pretextos más o menos justificados es altísima y, a menudo, insalvable.

Querremos documentarnos y tiraremos tardes enteras navegando por internet. Nos interesará buscar el sinónimo perfecto y acabaremos malgastando horas en cursos de escritura y lecturas para enriquecer el vocabulario.

De este modo, nuestra actividad creativa se prolonga en el tiempo pero sin avances sustanciales, la cual cosa nos conducirá al abandono por falta de motivación sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. 

A fin de cuentas, la única presión y juez de nuestra labor como escritores, somos nosotros mismos, por mucho que los retos de escritura y la intencionalidad de presentarnos a certámenes pueda ayudarnos a adquirir cierta disciplina.


4. Miedo al rechazo


Aún si consigues convertir la escritura en un hábito, eso no te libra de sufrir uno de las causas por las cuales un mayor número de escritores decide abandonar su carrera: el temor a ser rechazado.

¿Quién no siente el miedo a fracasar?

Terminada nuestra historia, ni siquiera nos atrevemos a sacarla del cajón. La contemplamos, fruto del esfuerzo, y la sentimos vacua, insulsa y mal escrita. ¿Qué vamos a hacer con algo así de imperfecto?

La reacción de un gran número de orgullosos padres es devolver la historia al cajón, prometíendose retomarla cuando se sientan preparados o cuando aparezca una oportunidad de mostrarla al mundo, como por ejemplo un concurso de escritura.

Sin embargo, ese momento nunca llega y nuestra historia empieza a coger polvo en el cajón. Además, como todavía no hemos hallado un destino para nuestro vástago, sentimos que no es adecuado ponerse con un nuevo proyecto, de modo que también abandonamos poco a poco el hábito de escribir hasta que este desaparece.

La dolorosa verdad tras ese exceso de falsa dedicación es que tememos mostrar nuestra obra al mundo para que nos señalen en ella mil y un errores: nos da miedo entregar a los lobos a la criatura que con tanto esfuerzo hemos parido, y ese miedo acaba por matar nuestra escritura.


5. Desmotivación


Los elegidos que logran sortear también el temor a enseñar su obra al mundo tienen dos destinos posibles: el éxito porque su novela es aceptada y alabada (menos de un 10% de los casos) o el rechazo, que es la opción más plausible.

Ante esto, confirmación de que nuestro talento es incompleto y mejorable, no pocos se dan finalmente por vencidos y arrojan por la borda el esfuerzo que han hecho para llegar hasta ese punto, como si no hubiera significado nada tantas horas de sacrificio y trabajo duro.

Desmotivación en todo su esplendor

Sin embargo, otros perseveran, aunque sea por poco tiempo, teniendo que enfrentarse a no pocas realidades incómodas que minan poco a poco su deseo de continuar: encadenar un fracaso con otro, contemplar el éxito de otros amigos escritores asumiendo que jamás llegaremos a estar en ese nivel, el cuestionar constantemente por qué estamos haciendo esto...

Todo este bucle acaba por drenar finalmente las pocas ganas del entregado escritor, que sintiéndose atrapado, anhela con el ansia de un cautivo liberarse de las cadenas de la escritura y regresar al sosiego de una vida sin letras.



Estos cinco factores son los que arrastran a no pocos a dejar de escribir, pero no son los únicos: existen infinidad de ellos, algunos que solo responden a motivaciones personales, incluso. Y todos ellos son igual de dañinos.

Lamentablemente, no puedo daros ninguna solución para evitar caer en ellos. Ni yo, ni nadie. Solo vosotros y vuestra pasión podéis liberaros, si es que así lo deseáis, del deseo de abandonar la senda de la escritura (aunque no hay fuerza en el mundo que os vaya a librar de épocas de sequía).

Con todo, si alguien considera que está en posesión de algún truco o estímulo para permanecer ligados al arte de escribir, le invito y agradezco que lo deje por los comentarios, pues tras una entrada con un tono tan cenizo, será para quienes lo lean como un bálsamo de esperanza.

¡Nos leemos! ^^

4 comentarios:

  1. Maldita sea..... ¿Y hay vuelta atrás? Porque creo que los tengo casi todos....

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    1. Desde luego que sí. El hecho mismo de querer dar la vuelta ya es un primer paso. Si escribir es una pulsión instintiva, nunca lo dejas del todo;)

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  2. Vale. Me pillas ahora mismo en mi hora de escritura y estoy, sorpresa, procrastinando. Me ha encantado leer esta entrada proque me ha hecho sentirme mal (?)

    Tienes toda la razón, si se quiere progresar en algo solo hay que echarle muchas ganas y, sí, siempre caeremos en alguna de estos puntos pero lo importante es intentar sobreponerse.

    Y no pierdo más tiempo: ¡me voy a escribir!

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  3. ¡Ánimo con tu historia! Ah, ¡y que no te vuelva a ver por aquí en tu horario de escritura! XD

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