Cuando Alister no es Alister


Porque a veces hay que quitarse la máscara para respirar.

Salud, pupilos y pupilas... Uy, qué pretencioso ha sonado eso, como si estuviera intentando sentar cátedra o endilgaros un manual de (inserte aquí su tema de estudios) tan sesudo y pedante como inútil.

Mil perdones, no estoy acostumbrado a que me dejen irme de la lengua sin la supervisión de un humano responsable. Cosas de ser un seudónimo... 

Bien, vayamos al grano antes de que esta inusitada libertad se vaya al traste y permitidme compartir con vosotros qué ocurre cuando yo, Alister, dejo de ser yo.



Sí, lo sé. Lo normal es que sea el autor detrás del seudónimo el que dé la cara cuando se escriben este tipo de posts, pero al homínido en el que habito se le dan fatal este tipo de cosas (y además, yo tengo un toque genial que me hace irresistible... Y un chaleco de sastrería).

Bueno, centrémonos en el tema: cuando cierro las redes sociales, me desconecto y dejo de escribir en el blog, me convierto en el espectro silencioso que persigue a todas parte a una mente de veintitrés años con tendencia a buscarse más trabajos de los que puede soportar su cuerpo.

Es verdad. La curroadicción existe y mi escritor la padece, por ese motivo, no conforme con estudiar y hincar codos en los polvorientos documentos de un archivo, trabaja dando clases de repaso, colabora en una emisora de radio local y hasta hace muy poco hacía teatro y animación cultural.


Mi vida 24/7

El día menos pensado, con este volumen de estrés, le va a dar un ataque y lo vamos a pagar los dos. Se lo tengo dicho, que menos curro no haría daño, ¿pero creéis que me escucha? ¡Nein!  Y así me veo luego, con un cuerpo hecho mierda que apenas me deja escribir ni unas líneas...

Y es que esto de estar en el mismo recipiente, lejos de ser romántico, es una puta mierda. Me paso el 70% del día mascullando por lo bajini en un rincón de su mente, deseando largarme a por una birra y un papel para escribir y peleándome con su obsesión por ser responsable.

Sí, tal y como lo estáis pensando: mi vida es el tedio encarnado. Ganas me dan de coger la puerta y largarme, pero claro, estoy aquí atrapado como un demonio dentro del cuerpo de su poseído (símil que, por cierto, no se aleja tanto de la realidad...).

Como podréis fácilmente deducir, siendo tan distintos, nuestra relación a veces es un puto calvario. De poseer cuerpos separados, es posible que nos estranguláramos, pero la Divina Providencia, esa hija de una hiena sin corazón, ha tenido a bien unirnos en el mismo envoltorio. ¡Con lo feliz que habría sido yo siendo seudónimo de un escritor de prestigio...!

La vida no es justa, bien lo sabemos todos, así que en pro del bien mayor hemos aprendido a no interferir el uno en las actividades del otro. Y nos va perfectamente... Hasta que Alister tiene que salir del mundo virtual.

Ahí es donde empieza lo bueno, queridos y atentos lectores, porque no existe nada más conflictivo que entrar en sociedad con un cuerpo ocupado por dos voces. Porque además, nos pasan cosas la leche de divertidas.

Venga, como me siento henchido de bondad, compartiré con vosotros algunas de ellas.


1. Tendrá que venir el señor Marion a buscarlo


Esta es la más reciente de nuestras andanzas. Sucedió que había llegado a la oficina de Correos un paquete a mi nombre, así que fuimos ambos a recogerlo.

Como era de esperar, la persona que se presentó en Correos no parecía coincidir con el nombre que constaba en el paquete, que a todas luces debía pertenecer a un guapo y aristocrático británico, de modo que, pese a que los datos coincidían, la señorita espetó:

"Lo siento, pero tendrá que venir el señor Marion a buscarlo".

Ganas me dieron de soltarle un bufido y explicarle que el señor "Marion" estaba delante de sus narices y que además se estaba empezando a mosquear. Además de que mi nombre es Mairon...


Mi cara tras la quinta negativa de la funcionaria

Por suerte, mi contraparte humana goza de una excelente capacidad para contener su ira en público (en privado ya es otro cantar) y logró, tras varios minutos y proponerle a la encantadora funcionaria telefonear al editor para que confirmase la identidad del señor Mairon, que esta se convenciera y accediera a entregar el paquete.

Paquete que, por cierto, no se libró de algún comentario poniendo en duda la legalidad de su contenido. Como si las drogas las comprara yo por ese medio...



2. Mandíbulas descolgadas


Otra de las reacciones habituales cuando mi escritor y yo vamos juntos a eventos literarios tales como presentaciones suele ser la incredulidad de quienes, conocidos solo por redes, descubren con asombro qué cara tiene el dicho Alister.

Como ocurría con la señorita de Correos, el jeto que presento al mundo tampoco les encaja en el perfil, y mientras que algunos disimulan o no le prestan importancia, otros se reafirman en su sorpresa.

Las malas lenguas dicen que en el fondo disfruto del momento en que rompo la ambigüedad y que me deleito en esa sorpresa. Sabed que es cierto: me encanta la sensación de desconcierto y sorpresa ajena que causo.

Por desgracia, hay reacciones que no encajan ni en la sorpresa ni en la "indiferencia" y que pueden llegar a ser tan molestas como desconcertantes, como aquella vez en la que me preguntaron si tenía dueño y si me permitiría departir unos minutos con su persona.


Algo así debió pasar por su mente

No es que sea una beldad, pero tampoco creo tener un careto tan desagradable como para ser confundido con ninguna raza de cánido, la verdad. En fin... Visto desde la distancia me río bastante, sobretodo desde que encontré este maravilloso dibujo en Pinterest.



Anécdotas como estas a puñados, gajes de quitarse la máscara. Ahora bien, por mucho que proteste y me queje, no cambiaría por nada la simbiosis que tengo con mi escritor y la maravillosa máquina que somos los dos juntos: cuando logramos ser uno, me siento imparable, y eso como seudónimo, es algo que no se puede describir.

Mi escritor dijo que me encontró por accidente cuando no sabía quien era... Yo no tengo recuerdos anteriores a nuestro primer encuentro, pero también pienso que fue una suerte poder encajarme en alguien que, con todos sus defectos, es a la vez una parte más del todo que es Alister.


¡Nos leemos! ^^

1 comentario:

  1. ¡Buenas! Me ha gustado la reflexión. De todas maneras, y a menos que te la hayas cambiado, una vez vi tu cara en el blog de Gabriella (si no me equivoco) así que a mí no me puedes pillar por sorpresa xDD. ¡Nos leemos!

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